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lunes, octubre 19, 2009

En la cancha de Lanús, el viernes por la noche, Vélez sacó un interesante empate, con goles de Maxi Velázquez para el Grana y Leandro Somoza para el Fortín, de acuerdo a cómo se había dado el partido. Un partido que tuvo al conjunto de Zubeldía como claro dominador del primer tiempo (no tanto por llegadas, que Vélez también tuvo, sino por control de pelota sobre todo) y al equipo de Gareca que intentó emparejar, con ganas, en la segunda parte. Viendo los resultados que se dieron posteriormente, y nunca mejor dicho “con el diario del lunes”, se valora un poquito más lo cosechado en este cotejo.

Hay varias cositas a destacar, y espero se sepan entender: desde acá valoramos el trabajo hecho por el Tigre Gareca y sobre todo reconocemos su gran relación con el plantel. El tipo convive con ellos, los conoce, sabe quién está mejor o quién está peor. Esto está perfecto. Sin embargo, llega un momento en que esta relación se puede confundir, y puede empezar a influir en los jugadores que entran al campo de juego. ¿Por qué digo esto? Hoy por hoy, hay dos jugadores (si agregamos a Ponce, tres) que no tienen nivel para la titularidad, pero juegan por nombre y por antecedentes: Hernán Rodrigo López y Leandro Somoza. Por el lado del uruguayo, parece no quedar ni una pizca del que tenía capacidad goleadora en el torneo pasado. Define tibio, le pifia a la pelota y está muy estático. Para colmo, no es tanto su actuación lo que pide el cambio, sino también el reemplazante natural que tiene detrás suyo, Leandro Caruso, que a base de buenas actuaciones y de goles, exige la titularidad. El caso del León Somoza (ídolo del club, por si alguno tenía alguna duda) el tema es más complejo. Todos sabemos el nivel que puede llegar a dar el volante central, que tiene muchísima categoría y es un verdadero hincha del Fortín. Sin embargo, bajo esta faceta del hincha, ídolo y jugador del club se esconden las falencias en el juego. Hoy por hoy, en la entrega de pases, el León erra muchísimo más de lo que acierta. Basta mirar la totalidad de los pases que da, siempre intentando hacerlo de primera, sin controlar la pelota, y casi siempre con destino rival o fuera del campo de juego. Para colmo, a la hora de marcar, el gran Leandro sale demasiado lejos y deja siempre su zona desprotegida. No parece tener el timming que lo destacó allá por el 2005. Por último, es claro que Zapata se siente mucho más cómodo jugando con un tipo como Razzotti que siempre mantiene el orden, recupera y la da rapidito al pie para que el Chapa inicie la jugada. Ojo, esto no es un “péguele a Somoza” ni nada por el estilo: nada más lejos de eso. Solo se expresa un parecer: tienen que jugar los que mejor estén. Hoy por hoy, momentos como los de la dupla central, Papa, Cubero, Maxi o Jonathan no se discuten, pero sí algunos otros.

Volviendo al partido, otra vez el Fortín demostró temple y corazón para, aún en inferioridad futbolística, ir a buscar el partido, con 3 o 4 delanteros. El Tigre nunca te deja a banda cuando la cosa se pone espesa, y el equipo tampoco. Si hasta pudimos tener la segunda chilena del campeonato, con la gran jugada que culmina el Taza Cabral y saca espectacularmente Marchesín. Encima, nos salvamos en el final con una pelota en la línea y una en el travesaño. Son señales de alarma. Queda claro que no somos tan seguros como antes, y yo sinceramente no creo que el problema sea la defensa, como muchos opinan. Díaz, Tobio, Torsiglieri y Lima (con sus limitaciones) cumplieron e hicieron bien su tarea. El tema pasó por el medio. Si yo te pongo cuatro tipos a atacar mano a mano con los defensores, en varias van a quedar pagando, y así pasó. Es tiempo de mirar hacia adentro, ajustar detalles y copar el Amalfitani el martes en busca de una victoria que nos deje tranquilos para ir a la altura de Quito…

1 comentario:

choya dijo...

Concuerdo con vos respecto a Ponce y López, no así con Somoza por que creo que es más que Razzotti